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miércoles, 21 de febrero de 2018

Introducción al Psicoanálisis Bibliografía.

Se trata de copias privadas de los textos, exclusivamente para uso educacional. Queda prohibida la venta, comercialización o distribución. Si usted puede financiar el libro le recomendamos que lo compre en la librería o en todo caso lo busque en su biblioteca pública. No se obtiene con este enlace ningún tipo de beneficio económico. Si las leyes de su país prohíben este tipo de préstamo, absténgase de usar esta biblioteca virtual (Para lectura solamente y no para uso indiscriminado, descarga o impresión). El primer texto a revisar será el de Mannoni Octave / El descubrimiento del Inconsciente.

viernes, 16 de febrero de 2018

El silencio (1963). B y N. Ingmar Bergman.

Ingmar Bergman representa el crisol de una tradición de cineastas nórdicos que habían arrancado con la misma historia del cine, como Maurice Stiller, Victor Sjöstrom (protagonista de la extraordinaria: Fresas Silvestres [1957]), el danés Carl Dreyer y que se continúa hasta Bo Widerberg, Jan Troell, Lasse Hallström y me atrevo a incluir al polémico Lars Von Trier. La mayor influencia de una escuela de cine en sus filmes es el expresionismo, pero su obra trasciende las posiciones de este tipo y va más allá, fundando su propio estilo, que nos muestra el alma de los protagonistas a través de los acercamientos intensos a la superficie de sus rostros, ha sido definido por algunos como el verdadero descubridor del close up. En sus filmes juega un importantísimo papel Sven Nykvist, fotógrafo de la mayoría de sus filmes, que después se hiciese él mismo cineasta. Un hombre que pinta con la luz y que no teme a la obscuridad, como una forma de expresar estados de ánimo, situaciones y me atrevo a decir: olores. Se habla mucho de que el significante es la materia prima del lenguaje, y que el lenguaje hablado es la más reveladora de las características del hombre, que hay una primacía de éste en sus actividades, sin embargo, las tonalidades que van más allá: la modulación de la voz, el mismo silencio cuando no hay más palabras para comunicar, como una forma de comunicación en sí misma, amén de los reflejos del ojo del que es visto por el ojo del que percibe, son evidentes en sus películas y hacen de la pulsión escópica pura, un elemento privilegiado para la expresión de ideas. Ernst Ingmar Bergman nació en Uppsala, Suecia, el 14 de julio de 1916. Fue el segundo hijo de un pastor protestante, que llegará al alto puesto de capellán de la familia real sueca. Se dice que su casa se vive en medio de un clima similar al que encontramos en las obras de Ibsen, expresión de conservadurismo, rigidez anglicana y búsqueda de la sencillez. No cabe duda, examinando sus películas con cuidado, el papel que representó la culpa, la vergüenza, el pecado en su temprano entorno familiar. Indudablemente, le hicieron vivir una infancia lacerada y llena de dudas. Su infancia no fue cómo se dice un juego de niños, y muchas veces aparece en sus filmes, temas como la enfermedad, la angustia, la crueldad, la duda de la existencia de Dios, la justicia y finalmente la pregunta sobre el significado de la vida ante la muerte, que hacen pensar en una infancia atormentada. Llegó a declarar: “Yo intento contar la verdad de la condición humana, la verdad tal como yo la veo”, y también sobre su niñez dijo: “Yo nunca me sentí joven, sólo inmaduro”. Fué el primer cineasta que nos mostró la Edad Media fuera de las armaduras plásticas brillantes de Hollywood. Si se quisiera situar filosóficamente la temática de sus películas diría que en ellas está la huella de Kierkegaard, Schopenhauer, Nietzsche y por supuesto Heidegger, a lo largo de sus filmes encontramos la angustia como un sentimiento capital que acompaña al hombre que está condenado a vivir con sus instintos, su soledad y que se pregunta por su papel en este mundo y sobre el sentido último de las cosas, incluyendo al hombre frente al universo, su cine es un casino de preguntas más que de respuestas. El silencio aquí no actúa como un compromiso con Dios o el terreno para una actitud contemplativa como en el caso de los cartujos, es más bien el desierto de la agonía, priva la no respuesta de Dios, que en sus filmes interroga muchas veces sobre esa tendencia fatua del hombre de encontrar un sentido a todas las cosas y de vivir en un falso optimismo, a pesar de la desolación manifiesta del mundo. El universo se le revela al hombre en sus filmes como un escenario de fuerzas que le trascienden y que le arrastran innumerables veces, a pesar de sus infructuosos intentos de control o comprensión, por medio de la racionalidad, la fe y la religión. Buena parte de sus filmes están basados en recuerdos infantiles, episodios autobiográficos, fantasías y escenas íntimas producto de una capacidad de autointrospección profunda del autor. Quizá no haya otro cineasta que recurra tanto al psicoanálisis en el cine como explicación, incluso diría yo como coartada a sus personajes, como lo hace Hitchcock; pero la capacidad de rememorar, reelaborar el pasado, a un tiempo que explorar la fantasía y la propia locura, corresponde en el cine a Bergman. A pesar de lo profundamente analítica de su obra, no hay demasiadas citas al psicoanálisis como no sea Cara a cara (1976) una de sus menos logradas películas, en dónde más bien la profesión es sólo un pretexto escénico, o De la vida de las Marionetas (1980) dónde el psicoanalista se acuesta con su paciente, mujer del protagonista, y quizá el acuse más evidente a la lectura de Freud, sea el inicio de Persona (1966) dónde un niño se enfrenta al rostro gigante y fuera de foco de su madre al principio del filme, por cierto, en el mismo arranque de dicho filme, hay una alusión a la maravilla de la ilusión del cine, a las filminas y a la proyección, que se combina con la cruda realidad de la sangre, de la carne y la perentoriedad de las acciones del hombre frente a un universo más vasto. Su cine fue durante muchos años filmado en blanco y negro, no sólo por razones técnicas o limitaciones económicas que fueron superadas con el tiempo y con el éxito de sus producciones, sino porque en él, se intentan reflejar los claroscuros del alma en alto contraste y el color en este caso, sería un elemento perturbador para el ojo, que le distraería de las expresiones en primerísimo plano de las emociones y afectos de los personajes. Puede parecernos extraña su actitud de apegarse al B y N, pero recordemos que el cine fue para muchos de sus autores de los primeros tiempos, un modo de expresión profundo de sus puntos de vista y convicciones, forma es para ellos: idea. Recordemos a Chaplin y también a Einsenstein rechazando durante muchos años la inclusión del sonido para no hacer perder al cine su universalidad, o al gran Yasujirō Ozu filmar durante muchos años con la cámara a 90 cms del piso para semejar al punto de vista de un espectador sentado sobre un tatami. El silencio de 1963 es una película que narra la compleja relación entre dos hermanas, sin usar demasiadas palabras. De hecho, las palabras dicen menos que las imágenes. La larguísima asfixiante escena en el tren al principio, nos hace saber que entre ellas hay una diferencia de edades y de estilos, Anna es una bella, joven y sensual mujer que contrasta con su hermana Esther que es intelectual, recatada, moral, correcta y cómo iremos averiguando al correr de la película, enferma próxima a su muerte. Las acompaña el hijo de la primera, que en plena etapa edípica representa a un yo en construcción, jaloneado por las tendencias opuestas que ellas representan: una es el ello y la otra el superyó. Una es sexual e instintiva, la otra desprecia todo aquello que tenga que ver con el cuerpo, las palabras son su reino. Todos realizan un viaje y tienen que parar en un país desconocido en el que se habla una lengua extraña (inventada especialmente para el filme). La ciudad podría ser Estambul o cualquier otra, colindante con la realidad europea, la intención es mostrar el choque de Occidente, su racionalidad y su modo de vida, frente a un mundo diferente que representa al otro dispar, el exotismo y en el fondo la diferencia, el enemigo, la violencia del entorno aparece citada explícitamente en los tanques y vehículos militares. El calor aquí es invasivo, y representa también un mundo desconcertante que estas mujeres nórdicas tienen que sufrir y para el que no pareciera que están hechas, ellas están en el infierno. El niño sirve de enlace entre los diferentes mundos que incluyen a la realidad exótica, amén de que representa la inocencia del hombre y su indefensión frente al mundo femenino que le rodea. Su Edipo es evidente frente a la madre que se exhibe y deja tocar sin tapujos frente al chico. Me Atrevería a decir que con su miedo a los caballos es una reencaarnación cuando no una cita del pequeño Hans freudiano... de hecho, este niño se llama Johannes. La pregunta lacaniana ¿Qué quiere una mujer? recorre las imágenes de todo el filme. El niño como todos los hombres, se encuentra pasmado ante tal pregunta. Una de esas mujeres representa la vida y la otra la muerte. El deseo y la moral, el instinto y la racionalidad frente a frente en el mundo, son el escenario que ponen en juego Ingrid Thulin y Gunnel Lidblum. Esther odia a Anna porque gusta de permitirse vivir con libertad su sexualidad, aunque puede rastrearse en ese rencor también pasión amorosa y celos. Su hermana le odia, por el papel de conciencia que representa. Este es el ensayo también de filmes harto conocidos, como la ya mencionada Persona (1966) dónde la actriz Liv Ullman decide guardar silencio y Sonata de Otoño (1978), dónde se plantea la relación entre dos mujeres que chocan y compiten una frente a la otra por hacer valer su diferente posición vital. También es parte de ciertos filmes, dónde se explora una relación lésbica entre las protagonistas que apunta a revelar al espectador una mezcla de amor y odio sin disimulo. Entre Anna y Esther hay una corriente libidinosa verdaderamente eléctrica que promete hacer corto circuito a cada momento. El filme es un paradigma de los temas que explora a lo largo de toda su obra: la dificultad de comunicación, la confrontación entre realidad y deseo, la extrañeza del mundo, el paso del tiempo, la aparición de la vejez. La película es parte de una trilogía que ha sido clasificada como Del silencio de Dios, y que abarca también Detrás de un vidrio obscuro (1961), y Los Comulgantes (1963), aunque a decir verdad, es difícil hacer este tipo de clasificaciones en su obra, porque la compulsión a preguntarse sobre estos temas, reaparece una y otra vez en sus filmes de diferentes maneras. Las notas originales del filme revelan un acento en la sexualidad autocensurado que no hace perder mucho de la intención del autor de mostrarnos la fuerza de Eros como un tsunami implacable, de hecho, las escenas sexuales conservadas son implacables para la época y no dejan mucho para la imaginación e hicieron de El Silencio, una de las películas más taquilleras de Bergman y que pasó por la censura de su país inadvertida porque el censor se encontraba de vacaciones. La sexualidad es también un motivo para expresar la vulnerabilidad y la inseguridad, el peligro que representa estar desnudo ante el otro, y a su merced. De hecho, el hombre que levanta Anna y con el que tendrá relaciones es un perfecto desconocido, quizá es la manera en que muchas relaciones empiezan y hasta terminan. Entre hombres y mujeres hay siempre un abismo que los separa y los condena a la soledad. El punto de vista que adopta el director, es aquí, el femenino. Ambas mujeres a su manera, desprecian al hombre, no importa que una lo use para satisfacer sus deseos y la otra lo rechace por su olor a semen, y en general por el desprecio que tiene a la vida. No es casual que los hombres adultos en esta película aparezcan como accesorios a la historia y como sirvientes, no es tampoco fortuito el encuentro del niño en el pasillo del hotel con hombres: un enano y su troupé (que le visten como mujer) y el portero del hotel, figuras cómicas, simpáticas pero lastimosas y débiles, que contrastan con la pintura del centauro, sexual y poderoso, llevándose a cuestas a una princesa (que si se preguntan por él, es: El rapto de Deyanira ⎯ tercera esposa de Heracles que por cierto, ocasiona su muerte ⎯ por Nesso del pincel de Rubens), que nos impone una cita a Las traquinias de Sófocles cuyo tema central es el deseo y el amor carnal. El niño recorre los pasillos del hotel armado de una ridícula pistolita que hace alusión a la castración del hombre, camina por el hotel, como si fuera el universo en su extensión, ve con extrañeza, curiosidad y frescura el mundo. Al fin y al cabo infante, no acaba de entender el ambiente opresivo y angustiante que le rodea, sobretodo no comprende el significado de la muerte. Anna, decide abandonar a Esther en su agonía. Si bien la segunda, le da la oportunidad para hacerlo, no ha esperado sino el mínimo pretexto para dejarla a su suerte. No parece haber fraternidad, solidaridad ni compasión en Anna, su hermana está enferma, va a morir, lo que conviene es soltarla. La última escena del tren, sin embargo, nos hace saber que la culpa le acompañará el resto de su vida. Recordemos que partir del relato de la muerte de Heracles por causa de la sangre de Nesso envenenada, la expresión: Traigo una túnica de Nesso, ha sido utilizada como una metáfora que refiere a un dolor moral que nos devora y del que vanamente se puede huir. Bergman parece querer decirnos: La mezquindad y la traición, no son pecados que pasen de largo, sin pagarse en esta vida.

martes, 16 de enero de 2018

Nouvo Cinema Paradiso (Italia,1998). Giussepe Tornatore. 155 min. Comedia, drama.



No puede imaginarse una película más ambiciosa que Cinema Paradiso. Está hecha, cómo el público bien sabe, por Giussepe Tornatore que es un director de cine italiano, que desde los 16 años mostró interés en el teatro, se volvió luego fotógrafo e hizo su primer acercamiento al cine a través de un documental Le Minoranze Etniche  in Siciilia con el que gana un premio. Luego filma El camorriista en 1985, pero se da a conocer ante el gran público con la extraordinaria Nuovo Cinema Paradiso producida en 1988 por Franco Cristaldi con una excelente música del conocido Ennio Morricone (autor del soundtrack de El bueno, el malo y el feo y de la música de más de 400 películas) y que le ganaría el Oscar en 1990, como mejor película extranjera, además de la Palma de Oro de Cannes en 1989, el premio como mejor película en el Festival Internacional de Cleveland y el de Mejor película extranjera en los Globos de Oro. Esta película dará inicio a una carrera muy exitosa que no ha parado y que con muy pocas bajas ha producido películas maravillosas como Pura Formalidad (1994), Malèna (2000), La desconocida (2006) y Al Mejor postor (2013).

En una entrevista con el director, se nos revelan ciertos datos, el primer montaje de la película se hizo en 10 días y algunos de los efectos de sonido los hicieron personalmente el productor y el director. El ronroneo del perro cuando Toto regresa del servicio militar lo hace con la boca el mismo Tornatore. Al salir originalmente al público no ganó un solo centavo y las críticas fueron en general muy malas. Por ahí dicen, que que quien no puede crear, lo que hace es criticar. El caso es que sólo estuvo en cartelera en Italia una sola semana, llevando al productor y director a una profunda depresión.

Todo mundo decía que si la película hubiera sido más corta y durado sólo dos horas, habría sido un completo éxito. Eso hizo que Tornatore se viera obligado a hacer la copia de sólo 125 minutos que aún circula. Y el filme paró en Cannes por casualidad, porque invitado originalmente para el Festival de Berlín, fue retirado porque el director de ese evento invitó la película para después hablar mal de ella, lo que ocasionó el escándalo y que fuera retirada sin exhibirse. Entonces el director del Festival de Cannes se sensibilizó frente a la situación y la invitó al festival francés dónde obtuvo el premio que conocemos.Esta película acredita – como otros de sus filmes – un discurso confirmado sobre el amor, ese desecuentro que se puede dar entre dos personas que se aman, el paso del tiempo implacable, la dificultad de volver a la tierra natal, los prejuicios y el conservadurismo de un pueblito de provincia. Pero sobre todo, es una película sobre el amor al cine. Se ha dicho que es una película perfecta en sus detalles, pero Tornatore con cierto desprecio, ha dicho en otra entrevista a un diario italiano, citando a Pasolinni, que la gramática de un filme se puede aprender en una semana, que lo importante es tener una historia que contar.Nos hemos acostumbrado en esta sociedad contemporánea a la invasión de imágenes, nuestro mundo está compuesto de estampas, representaciones, efigies que reblandecen y hasta hacen insignificantes las palabras y las ideas, ocupando el lugar de nuestros pensamientos y volviéndonos idiotas. La televisión, el internet, son dispositivos que arrojan sin piedad iconografías, y nos hacen perder la memoria, arrastrándonos en un más allá del lenguaje (que parece hacerse presente de manera siniestra y que evoca al goce), que nos vuelve receptores acríticos. Esta historia es reciente y empezó quizá, en el siglo XIX precisamente con el cine.

En París, Londres, Berlín y New York las audiencias acuden en masa y se quedan pasmados ante los sencillos filmes de Lumière que captan el instante y lo dilatan para el goce de los espectadores que acuden en masa a ver escenas de la vida cotidiana que por el sólo hecho de ser proyectadas en una pantalla, adquieren el carácter de fabulosas.

Cierto es que, la invención del cine, es reclamada por varios más: Edison en los Estados Unidos; Max Skladanowsky en Alemania; Friese-Greene en Gran Bretaña. Sin embargo, para ser justos, corresponde a los hermanos Lumière dar a luz —¡Paradojas del nombre: llamarse Luz y entregar la luz del cine a los ojos vírgenes del espectador! —, haber develado ante unos cuantos  hombres, mujeres y niños asombrados, lo que bien podría ser llamado: el arte total.

Un 28 de diciembre de 1895, en el Salón Indien del Grand Café de París, se presentaron 10 cortos que asombraron a la multitud al congelar el tiempo y verter el instante a voluntad. Cuenta la leyenda que en una función posterior, se proyectó otro corto que se llamaba: Llegada del tren a la estación, que hizo salir despavoridos a los espectadores afligidos por el pánico de ser arrollados por la locomotora. El cine tomó desprevenida a la historia y es quizá uno de esos pocos inventos que transformó totalmente la vida de las personas, tanto quizá como el reloj.

No podemos imaginar del todo, lo que significaron los primeros tiempos del cinematógrafo, primero mudo, en blanco y negro, que formó a las estrellas de Hollywood ante los ojos del público. Todavía podemos ver en internet las imágenes del entierro de Valentino muerto en la plenitud de su carrera a los 31 años por efecto de una pertitonitis, producto de una úlcera perforada (también los ídolos sufren y se doblegan),  y observar cómo sus miles de seguidores llenaron las calles, sabemos que su duelo provocó también disturbios y hasta centenares de suicidios en todo el planeta.

Y es que el cine hizo realidad los sueños y volvió común el compartir historias sin tanta instrucción, ensayo o cultura, como los que exigían el teatro y la ópera. Para el cine no se necesitaba ninguna preparación, simplemente se trataba de asistir y sentarse frente a la pantalla, dejarse arrastrar por los personajes y las historias, reír y llorar con sus éxitos, sufrir sus desgracias, vivir sus frustraciones, sus golpes de suerte y salir de la vida común, mediocre de todos los días. La pantalla era una ventana a lo extraordinario, al Olimpo y al Infierno.

La historia del Cinema Paradiso, es la misma historia del cine, dónde los espectadores recibían a Chaplin, a Keaton a Totò y lloraban de risa hasta las lágrimas, contagiando al espectador de al lado, provocando un movimiento colectivo que hacía del cine, una especie de iglesia, coliseo y arena, no casualmente el destino de muchos de esos cines fue después convertirse en templos, como el recordado Cine Estadio en la colonia Roma del Distrito Federal que acabó siendo un Santuario de la Fe de unos religiosos brasileiros que a deshoras de la noche anuncian en la televisión los milagros que han producido.El protagonista es un niño de nombre Salvatore y de sobrenombre Totò, cómo el legendario actor italiano que aparece en la escena de la plaza dónde se proyecta una comedia justo antes de que ocurra la tragedia y se queme el teatro, junto con su operador. Va al cine para olvidarse de los horrores que ha dejado la guerra, podemos ver las calles del pueblo bombardeadas y el desastre por dónde quiera, mostrándonos una realidad similar a la que cuentan Sieger y Malaparte en sus novelas. No tiene padre, pues ha muerto en la campaña de Rusia y se gasta para olvidar su desgracia, el dinero de la leche que le encargó su mamá, en la entrada a ese único centro de recreo.Es entonces, poco a poco, que se relaciona con el operador del cinematógrafo, Alfredo (interpretado por Philippe Noiret, haciendo el papel de su vida) y que ocupará a final de cuentas el papel de un padre para él. Merced a este hombre, aprende los secretos que se esconden detrás de la cabina de exhibición. Desde la fiera censura del párroco que , hasta las entretelas del manejo del aparato proyector y la administración de los recibos de cada película. Tras del accidente, ocupará el lugar de su amigo en el Nouvo Cinema Paradiso financiado por la suerte del siciliano que se saca la lotería y se convierte en empresario cinematográfico. Pero Alfredo, ciego y todo no lo abandona, vivirá con él – cómo cómplice – la aventura del primer amor, siempre tierno e inovidable.

Luego vendrá el viaje al servicio militar, y el abandono de su pueblo natal para poder crecer. Uno mira la película y ve allí el paso del gran cine italiano neorrealista. Roberto Rossellini, Luchino Visconti, Vittorio De Sica, Giuseppe De Santis, Alberto Lattuada, Luigi Zampa están representados en estas escenas sencillas, ingenuas, naturales y espontáneas, eso que falta tanto en el cine de hoy. También está ahí el gran Fellini, todos ellos como premisas de este extraordinario nuevo clásico del cine.

Experimentamos a través de las funciones, la evolución del cine, desde relatos sencillos  y mal pegados, a historias más complejas en las que desfilan Humprey Bogart, Greta Garbo, Kirk Douglas. A éste último, lo vemos cegar a Polifemo y burlarse de él, haciendo accesible a todos la gesta homérica.  Nos sorprendemos con el crecimiento de la pantalla a Panavisión, el cambio a las películas de color y la evolución del lenguaje cinematográfico hasta alcanzar lo que ahora es. Hay gente que dice que el cine tiene sus días contados, los cinéfilos creemos que eso no sucederá y más aún, pensamos que el cineclub es una alternativa viable al comercialismo impiadoso. Alfredo le dice – cómo un padre generoso que no espera nada del hijo – al partir que no vuelva, que se olvide de todos, que si lo vence la nostalgia o el temor y regresa, no lo vaya a buscar, porque no lo recibirá en su casa, eso contra todo lo que pueda pensarse, es una muestra de verdadero amor. Porque amor no es sólo retener a los hijos, sino dejarlos seguir su propio camino.

Totò se convierte en un gran director de cine. Alfredo muere y su mamá lo llama una y otra vez, sabe que él deseará estar en el funeral de su amigo, que le será difícil volver al pueblo y topar con los recuerdos, pero que no le perdonaría no buscarlo y no insistir para que encamine a su padrino en la última jornada.

Gracias a ese viaje, nuestro protagonista se reencuentra  con su historia, significa su pasado, comprende todo lo que representó para él: el grande Alfredo.

En las escenas finales, lo acompañamos por el cine antes de su destrucción, para atestiguar el pasaje de un salón popular, que convocaba a los habitantes del vecindario, a un masturbadero público, ruta que fue el destino de muchos cines como el Variedades 1 y 2 en Xalapa o el Cine Teresa en la antigua calle de San Juan de Letrán en el centro del DF. También es el paso de un fiesta popular (el último de estos cines en Xalapa fue el Cinema Pepe, dónde cualquiera podía ver dos o tres películas y manosear a la novia sin problemas) a un espectáculo de élite regulado por grandes empresas como Cinépolis o Cinemark dónde las palomitas y el refresco se cobran como si fueran un plato gourmet.

Lo vemos asistir a la demolición del Cine Paradiso que como tantos otros teatros de cine, han acabado hechos escombros o como el Cine Radio de Xalapa , que ahora es un deprimente estacionamiento junto al Vip’s de la calle de Enríquez o el cine Estadio de la CDMX en la Colonia Roma, hoy convertido en un Santuario de la fe administrado por preachers brasileiros (cambio triste y significativo de ilusiones). Es la travesía al olvido de los grandes cines hacia cines caros y exclusivos, también substituidos por la televisión, el internet con su Netflix y Youtube, o los smartphones, pequeños universos cuya función es alejar a la gente de los otros y meterlo en el camino de la soledad disimulada. La ruta de la colectividad a un narcisisismo cada vez más nítido y cínico.Alfredo deja una herencia para Totò, una lata que contiene una película. El final de esta historia es sublime. Es la exhibición, sólo para los ojos de Salvatore,  de una cinta con el montaje de todas las escenas robadas por la censura, a esos filmes clásicos que aparecían cortados al gran público y que permanecieron trozados, castrados durante años.

Las lágrimas del espectador corren al reconocer una muestra de amor más. Es decir: Te saludo desde el otro lado del río. Has estado presente hijo, nunca te fuiste para mí, aunque estabas lejos haciendo tu vida. Antes te empujé a la libertad. Ahora te regalo nuevamente mi cariño, a través del amor en imágenes de esos dioses que reprimió  la censura, los prejuicios de la hipocresía católica y el fascismo.  

jueves, 11 de enero de 2018

FREAKS (ANIVERSARIO-DOCUMENTAL) Subtitulado al español



Una película fascinante, extraña con muchos elementos repugnantes pero que precisamente atrae la atención por ello. Quizá hoy en día no se filmaría debido a las restricciones y prejuicios sobre la expresión artística. Si no la han visto, búsquenla... es un clásico que vale la pena ver.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Terapia de la depresión.



¿Qué pasa aquí con las terapias psicológicas? ¿En verdad están disponibles a través de médicos generales y hospitales que ofrecen el contrapunto necesario a tratamientos basados en medicación? ¿No proveen precisamente el espacio para la escucha que el paciente deprimido necesita? Desafortunada-mente, esto está lejos de ser así. Las terapias psicológicas están a menudo disponibles, pero el término mismo puede ser en-gañoso: casi siempre significa terapia cognitivo-conductual a corto plazo y rara vez se referirá a psicoterapia psicoanalítica a largo plazo. La terapia cognitivo-conductual ve los síntomas de la gente como el resultado de defectos de aprendizaje. Con apropiada reeducación, pueden corregir su comportamiento y llevarlo más cerca de la norma deseada. En sí misma, la terapia cognitivo-conductual es una forma de condicionamiento que aspira a la higiene mental. No tiene lugar para las realidades de la sexualidad o la violencia que yacen en el corazón de la vida humana. Éstas son vistas como anomalías o errores de aprendizaje más que como impulsos primarios y fundamen-tales. De igual forma, los síntomas no son vistos como los  portadores de la verdad sino más bien como errores que deben  ser evitados (...)
La terapia cognitivo-conductual, no obstante, es casi la única terapia psicológica ofrecida a través de sistemas de salud pública. Esto se debe a una razón muy simple: funciona. Pero quizá no en el sentido que deseamos. Como un tratamiento superficial, no puede acceder a complejos e impulsos incons-cientes. Lo que puede hacer es dar resultados en papel que mantengan felices a los agentes del Sistema Nacional de Salud. Viene equipada con sus propios exámenes y cuestionarios de evaluación, los cuales tienden a dar resultados muy positivos. En el papel, puede ayudar a deshacerse de síntomas y hacer más feliz a la gente. Pero más allá del hecho de que los métodos de cuestionarios son notoriamente poco fiables, no toma en cuenta los futuros o alternativos síntomas que la gente puede desarrollar más adelante. Cuando éstos aparecen, el paciente termina anotado al final en una lista de espera, y ya que los síntomas superficiales pueden bien ser diferentes ahora, no parecerá que el primer tratamiento fracasó. una vez más, la diferencia entre fenómeno superficial y estructura subyacente es ignorado. 



Darían Leader (La moda negra) 

sábado, 25 de noviembre de 2017

Intervención en la presentación del libro: Freud y Lacan en México. Coordinado por Miguel Sosa.



Soy un analista, me encuentro ante un texto que pretende ser histórico, de hecho estoy aquí en un lugar llamado Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Veracruzana y no estoy muy seguro de qué podré decir frente a este conjunto de discursos agrupados de manera un poco desordenada. El primer problema que me topo al mirar este libro de diferentes autores, coordinado por Miguel Sosa a quien conozco bien desde hace muchos años –  de hecho supervisé con él algún tiempo –  es la diferente mixtura de textos, referidos a diferentes años y sucesos, escritos por distintas personas.
No parece haber del todo una unidad en el texto, ni en la escritura o la intención de los argumentos. Quizá no haya un propósito determinado en el conjunto de párrafos, tanto Ulises como Rayuela o Noticias del Imperio, pueden ser leídos y tienen su validez como textos provocadores a pesar de su extravagancia. En todo caso, sí considero que es un conjunto de escritos que ha llegado a la publicación para causar una algarada.
El libro se llama, pueden ustedes ver en el título: Freud y Lacan en México. El revés de una recepción, santificando la costumbre alemana del siglo XIX, de dar un subtítulo al nombre. El contenido, es producto de un coloquio realizado en 2014, llamado Particularidades de la recepción del Psicoanálisis en México. Y sugiere de manera juguetona con las palabras, que puede mostrar el reverso de lo que ha sido la recepción de estos autores, mostrando los hilos y engranes de ese fenómeno, o sugiriendo que a contrario de una recepción, lo que sucedió es un expulso del sentido freudiano o al menos, una serie de tergiversaciones.




Al toparme con estos textos y comentarlos no puedo menos que asociar y evocar la frase del poeta Jorge Fernández: El arte de olvidar comienza recordando.
Me encuentro al comienzo del libro con dos textos, el primero de Alfredo Valencia que narra el malentendido en la cultura que produjo una lectura sesgada de Freud, amén de una mezcla de nacionalismo, filosofía mexicana, e historia nacional. Resalta la importancia que han tenido en la cultura mexicana ciertas lecturas de Freud hechas por diversos autores, como Samuel Ramos, Octavio Paz y los psicoanalistas Santiago Ramírez o González Pineda. También sabemos que lo leyeron y recibieron su influencia Salvador Novo, Frida Kahlo, Raúl Carrancá y Trujillo. De alguna manera me recuerda al jocoso libro de Gallo[1] Freud en México. Historia de un delirio, dónde reseña con cierta temeridad que los primeros y principalísimos lectores de Freud en México fueron: un dandi gay (Novo), un filósofo conservador (Ramos), un poeta cosmopolita (Paz) y un monje benedictino (Lemercier). Nos habla del zeitgeist que prevalecía después de una revolución violenta, y el cambio del proyecto positivo a uno más bien nacionalista, con cierto tinte social, sin llegar a consolidarse en una verdadera ideología de izquierda y cuyo cáncer ha sido hasta nuestros días: el caudillismo.
Mi querido Alfredo Valencia rescata del olvido a gente como Torres Orozco, demostrándonos que hizo una lectura detenida de Los Tres ensayos para una teoría sexual, y nos dirige a considerar al Ateneo de la Juventud, a los llamados Contemporáneos y del grupo intelectual Hyperión, como importantes antecedentes para comprender la inclusión de Freud en una cultura postrevolucionaria sin que se lograse la inclusión a profundidad del legado freudiano en nuestra cultura, al menos no como sucedió en Argentina.
El texto de Andrés Ríos, a quien conozco y reconozco por la seriedad de su trabajo, utiliza la genealogía foucaultiana para ir más allá de las referencias culturales comunes, y mostrarnos que los primeros lectores de Freud fueron siempre médicos. Ya Capetillo[2] haciendo una diferencia entre freudismo y psicoanálisis tomada de Vezzeti, mencionaba que la primera mención a Freud fue  hecha por Meza Gutiérrez y Francisco Miranda, catedráticos de la Antigua Escuela de Medicina y psiquiatras del manicomio de La Castañeda, en diversas clases.




Guevara Oropeza, alumno de éstos últimos presentó una tesis para titularse sobre el tema del psicoanálisis por allá en 1923, trabajando durante casi 40 años en el Manicomio de La Castañeda siendo su director en dos ocasiones, y haciendo escuela en la práctica de una psicoterapia basada en el psicoanálisis, junto a otras terapias como la del uso de la marihuana por el Dr. Salazar Viniegra, conocido como el Dr. Verde.
Más tarde, fueron González Enríquez, Alfonso Millán y Guillermo Dávila, quienes realizaron destacados trabajos tratando de usar al psicoanálisis como teoría de base en el tratamiento de los pacientes, sentando las bases para la adopción en el campo de la medicina de su método y cuando éstos se acercaron a Fromm, para la institucionalización del psicoanálisis. Resume Ríos: el psicoanálisis como la antropología, psicología, pedagogía y filosofía, fueron bien recibidos por una generación de médicos que encontró en las ciencias sociales y en las humanidades nuevas herramientas para comprender los diversos fenómenos sociales que incidían en la salud mental.
Narra también con justeza, la relación entre psicoanálisis y derecho en nuestro país. Nos da a conocer que José Dávila escribió una tesis sobre el tema, por ahí de 1933. Destaca la intervención de Carrancá y Trujillo delante de Mornard  - en realidad, Ramón Mercader - el asesino de Trotsky. Ambos pensadores consideraban que una correcta comprensión del delincuente a partir del psicoanálisis daría lugar a una mejora en el proceso de regeneración. No recuerda el trabajo del médico, psicólogo y filósofo Enrique Aragón, director de la Facultad de Filosofía, quien en 1934 publicó el texto: “Los estados de angustia y el tratamiento heterónimo del complejo freudiano”. Y en su texto siguen algunos nombres más de los pioneros de la introducción a la lectura freudiana, que de alguna manera son los pilares sobre los cuales se fundará un movimiento psicoanalítico mexicano, que sin duda tuvo momentos estelares en el pasado, y vive hoy un renacimiento.
Los trabajos de Valencia y de Ríos me parecen un ejercicio de honestidad, no tengo mucho más que decir de ellos.
Siguen en el libro otros textos, dos de Miguel Sosa, uno de Josafat Cuevas, y otro más de Guadalupe Trejo. No sé bien cuál ha sido el criterio del coordinador para agrupar a estos nombres para producir, primero el coloquio y luego el libro. Conozco a Josafat Cuevas, me extraña que sea consignado en el texto, solamente como Profesor de la Facultad de Psicología de la UNAM, yo le reconozco como analista, y me parece muy serio su trabajo.
Ahora bien, en lo que respecta a los textos de Miguel Sosa, no capto completamente su carácter e intención. En todo caso, me hago responsable de mi palabra en este comentario. El primero de ellos, está dirigido a mostrarnos el daño realizado al psicoanálisis por Fromm y sus discípulos. No es un relato nuevo –  pues ya ha sido consignado por otros autores – , aquél que comprende los años de formación de los alumnos de Fromm, es bueno saber que gracias al impulso de Miguel Sosa se produjo la escritura del libro de nuestro querido amigo Vicente Saavedra[3]: La promesa incumplida de Erich Fromm. Allí se narra una historia vivida en primera persona de los abusos de poder, arbitrariedades e injusticias que sufrió el analizante de Fromm y hace también una crítica de los aspectos técnicos que dejó pendientes o las irregularidades teóricas y prácticas del ejercicio psicoterapéutico de este notable ex miembro de la Escuela de Frankfurt, que después fue separado de ella y luego de la Asociación Psicoanalítica Internacional. No me extenderé sobre este punto, simplemente recomiendo la lectura de dicho libro.
La postura de Sosa haciéndose doble con la de Adorno, es crítica al trabajo de Fromm y los frommianos, les reprocha su perspectiva de aceptación de símbolos universales, negación de la pulsión de muerte, la menospreciación de la transferencia, su desplazamiento a Bachofen, la minimización del valor de las experiencias infantiles y esa posición “humanista” que supuestamente devendría en una desexualización de la teoría.
Escribir un texto es siempre una tarea difícil, y el análisis de la bifurcación del camino de los primeros analistas, se debió según Sosa a jerarquías institucionales dónde las diferencias psicoanalíticas poco importaban. Cita a Santiago Ramírez, en una entrevista como soporte a su afirmación resumiendo que es evidente, que nunca se ocupó de averiguar cuál era la posición de Fromm en el psicoanálisis. Es fácil hablar de los muertos porque éstos no pueden responder. Pero me parece que las diferencias no sólo fueron por simpatías sino por aspectos teóricos fundamentales, el mismo Sosa ha hecho valer argumentos de cómo algunas de las ideas de Fromm no parecían seguir a Freud. Fromm fue criticado en sus posiciones no sólo por los miembros de APM sino más tarde por los propios frommianos, el texto de Saavedra y el combate de Ramón de la Fuente a todo tipo de terapia psicoanalítica son pruebas contundentes, también fue importante en esta escisión la participación abusiva de Fromm que se autonombraba juez de quién era y quién no era psicoanalista, precisamente por eso purgó personalmente a José Gutiérrez en 1961 y Abraham Fortes en 1965.
Es necesario que haga notar, que hay aquí un problema no sólo de interpretación de los hechos, sino una acusación de irresponsabilidad profesional a Ramírez por no leer a Fromm y no conocer su obra, que me parece injusta. No será por cierto el único caso entre las citas dónde este tipo de acusaciones navegarán con celeridad, si me parece el primero dónde inicia una serie de afirmaciones cuestionables. Aquí se trata de un problema quizá de interpretación, pero no sucede así con otras aserciones dónde se dicen cosas que para mí no tienen punto de controversia: son falsas. Yo estuve allí en esos años, son fortunas parte de mi historia y viví esos procesos, sé qué no son ciertas. Me sorprende que estén dadas como verdad en el libro, y lamento que el poder de la escritura pueda intentar dar peso de verdad a la ficción, al grado de recontar la historia. Me pregunto por qué Miguel Sosa afirma sin bases algunas cosas, sin haber utilizado el mínimo rigor que a una investigación histórica impone la entrevista, sobre todo cuando se trata de acontecimientos recientes; como historiador fracasa.
Ya iré sobre el material… en concreto.





Para Sosa, el psicoanálisis frommiano y sus derivados son un delirio, una malformación y un desencuentro con la causa freudiana. No vamos a cuestionar estas afirmaciones, pero los tiempos, los procesos, las instituciones cambian, el psicoanálisis no es una religión que trata de mantener inmóviles sus cánones y criterios. No puede juzgarse rigurosamente la actividad actual de los colegas de IMPAC por sus orígenes, somos restos de la historia y pedazos del deseo del Otro, si sabemos que se han mantenido al margen de la IPA. Esta crítica a la práctica y teoría de Fromm supongo es necesaria, pero es difícil sacar conclusiones definitivas, frente a un complejo proceso histórico que aún tenemos que mirar con cuidado, sin caer en reducciones simples o juicios forzados.
Sus preguntas sobre: ¿Si se constituyó un campo freudiano en México? y ¿Si existe el necesario hábitat para la implantación del psicoanálisis lacaniano? Me parecen infructuosas, desde luego hay un campo freudiano en México. La lectura del fundador del psicoanálisis, ha producido más de una versión del psicoanálisis, quizá porque no hay una auténtica y axiomática, sino a riesgo de imponer la dictadura del dogmatismo.  Una verdadera lectura es necesaria, pero no puede derivar en una lectura sin falla, correcta en términos absolutos.
Las ideas se transforman, se gastan, se queman, no deben basarse en mostrar su validez por el argumento de autoridad. Freud nos enseñó un método para pensar, no para predicar verdades. Somos analistas no sacerdotes recitando el evangelio.




Y respecto a la segunda cuestión, pues nada más y nada menos nuestro invitado, vive del ejercicio del psicoanálisis lacaniano, y contesta con su práctica afirmativamente a su propia pregunta, con  su clínica, sus publicaciones editoriales y su trabajo en seminarios, etc.
El capítulo cuatro, es quizá el más controvertido para mí, por lo que señalaba antes, he vivido de cerca esos acontecimientos. Miguel Sosa, dedica en gran medida el artículo a Néstor Braunstein. Un autor de muchos libros, psiquiatra, hombre de gran encanto y cultura enciclopédica, que se ostenta desde hace muchos años como psicoanalista. Es alguien que ha sido invitado en más de una ocasión aquí a Xalapa, por nuestros colegas a dar conferencias y cursos diversos, presentar sus libros. Yo estuve muy cerca de él a finales de los años 70’s y parte de los años 80’s, debido a mi juventud, cierta desorientación personal y porque es inevitable que todos demos traspiés hasta encontrar con nuestro destino, no me arrepiento de ello.
Todos somos en cierta medida impostores, sólo he conocido a un hombre verdaderamente auténtico en mi vida que recién acaba de morir, y no llevaría la vida que él llevó. El capítulo está mayormente dirigido contra Néstor y muy seguramente se merece las críticas, pero éstas se basan –  por momentos – en un conjunto de afirmaciones dudosas. Parece que Miguel contrasta el establecimiento de la Fundación Mexicana de Psicoanálisis y la formación de la ELP, es verdad, la distancia entre la constitución de una y otra no es mucha y evidentemente había diferencias personales, teóricas y prácticas, lo sé porque fui alumno de Estela Maldonado y Hélida Peretti, también de Marcelo Pasternac. Jocosamente se les nombraba –  junto con Sosa –La Banda de los Cuatro, aludiendo a un grupo de altos dirigentes del Partido Comunista Chino que fueron expulsados del mismo y puestos bajo arresto tras la muerte de Mao Zedong en 1976.
Todos necesitamos de héroes y mitos para construir historias, levantar pilares de esfinges, pero olvida nombrar que tanto un grupo como otro, buscaron por ahí de principios de los 80’s en París como primera  forma de validación de su práctica a Jaques Alain Miller, el yerno de Lacan y cuándo éste prefirió al grupo de Braunstein, fue que los futuros miembros de la ELP, Pasternac y Sosa, recurrieron como segunda opción a Allouch y demás amigos para establecer su escuela.  Cómo bien he dicho antes, acerca de los frommianos, el pretérito sólo es polvo, y no puede decirse que la actividad actual de la ELP, se base en aquél pasado nebuloso, que puedo asegurarles existió. Cómo anécdota les contaré que recuerdo, que más tarde Braunstein, rechazó el ofrecimiento de volver a la Fundación parte integrante de la École de la cause freudienne porque dijo: “¿Para qué los necesitamos?
Menciona que tres de los autores del libro que tanto criticará Psicología, Ideología y Ciencia, fueron quienes fundaron el CIEP (Centro de Investigaciones y Estudios Psicoanalíticos). Esto no es verdad, en primer lugar, porque el CIEP se fundó muchos años después que la Fundación que en principio era un lugar para atender pacientes de escasos recursos económicos, Josafat recordará esto, porque llegamos a estar envueltos en el proyecto para una beca, que por cierto, nunca recibimos. Si bien Braunstein y Frida Saal estuvieron involucrados en el proyecto activamente desde el principio, Gloria Beneditto no participó sino hasta años después en las actividades de la Fundación y finalmente terminó alejándose porque el ambiente institucional no era tolerable. Lo sé, lo recuerdo, yo estuve ahí. La memoria es un cuarto obscuro lleno de sombras, pero hay pequeñas luminosidades que permanecen.
El artículo, mezcla realidad con fantasía, es verdad que se construyó un programa de maestría en teoría psicoanalítica que dio lugar a más de 20 generaciones y a pesar de que la forma académica y los usos puedan criticarse, creo que  replanteó el problema de la transmisión del psicoanálisis cómo se efectuaba hasta ese momento, quizá no de la manera que le hubiera gustado a Lacan ni a Sosa. Por mi parte pienso que, a pesar de las desviaciones y errores, hay que reconocer que puso sobre la mesa una discusión importante y aún inacabada sobre cómo se puede formar un analista.
Aclaro que en ese proyecto estuvieron involucrados otros analistas, no solamente  Néstor y Frida, insisto, dice usted que no siguió el modelo lacaniano. Sin embargo, a pesar de las críticas de Lacan al discurso universitario, tengo entendido que en Francia el psicoanálisis está inserto en la Universidad de Paris VII y VIII, que Miller dirigió mucho tiempo el Departamento de Psicoanálisis de París VII (abierto en vida de Lacan), Gerárd Miller dirige el Departamento de Psicoanálisis de Paris VIII y algunos analistas importantes de procedencia lacaniana y no lacaniana, trabajan en el medio académico, incluso Miller está por abrir –  me entero por el artículo de Josafat – una Universidad Jaques Lacan. No le gusta ese medio para difundir el psicoanálisis, eso lo deja usted bien claro. Pero aquí en nuestro país, en Querétaro, la CDMX, San Luis Potosí, Puebla, Zacatecas, León, Guadalajara, Monterrey, Aguascalientes, incluso en Xalapa,  etc. se ha llevado a cabo un trabajo de esta naturaleza desde hace muchos años, aunque a usted no le parezca.




Sí le digo que no es verdad que el libro y la Fundación fuesen los impulsores de cuatro psicoanalistas no analizados autores del libro que tanto cardeniño le ha causado.
Sé por el testimonio de una persona que fue mi maestra, y cercana a Marie Langer que Frida Saal estuvo un breve período de tiempo en análisis con Marie Langer, mejor poco tiempo que nada, podría decirse. También sé, porque me he tomado el trabajo de investigar, que Gloria Bendeditto se analizó en Argentina con Rosenthal y luego en México con Juan Carlos Plá, así que sus afirmaciones sobre estas dos personas son al menos precipitadas, cuando no difamatorias. Yo no sé si a ellas les importa, una está muerta; y la otra semi retirada de la actividad profesional por enfermedad, pero a mí me gustaría que usted supiese que se ha equivocado, que hace afirmaciones lastimosas y falsas.
Su artículo sigue tratando de definir lo que es el psicoanálisis y el psicoanalista, a partir de afirmaciones hechas por Jacques Lacan, le concedo puntualidad en las citas, yo mismo estoy involucrado con un grupo trabajando el seminario uno, por la importancia que éste tiene, aunque cada vez soy más freudiano que lacaniano, exactamente como Lacan se consideró al final de su vida.
Sigue con una historia sobre Córdoba, allá lejos y hace tiempo, su memoria falla si lo que intentaba hacer es una historia y no brindar un testimonio. Afortunadamente la de otros no, olvida usted mencionar el importante hecho de que la carrera de psicología llegó a estar prohibida por el Estado por considerarla subversiva, que el Partido Comunista prohibió a sus militantes todo acercamiento al psicoanálisis. No menciona a Fermín Quiroga que venía de formarse con Telma Reca, a Ignacia Alicia Moyano, a Jorge Gurvich y Ricardo Avenvurg interlocutor de los cordobeses, que entre los años sesenta y después en los 70’s tuvieron un destacado papel en el desenvolvimiento del psicoanálisis, pero sobre todo a Jorge Orgaz, quien apoyó a Ricardo Podio –  a quién sí nombra – para dictar su cátedra y luego a Paulino Moscovich - de quién por cierto Gloria Benditto fue su asistente -, que parece haberse acercado al psicoanálisis después de unos años. La historia de Moscovich es legendaria, y ha sido relatada con soltura por su amigo Neufeld en un libro que se llama A la Guerra en un Subaru rojo.
Sí habla usted de Osvaldo Francheri y de su trabajo, se identifica usted como su alumno. Y dice haberse analizado por él, pero en la página 99 dice que lo analizaba en grupo. No sé bien ya qué considere usted análisis, pero yo creo que la experiencia en grupo es otra cosa. Y si es ese su análisis, en la página 100 habla de objetivos terapéuticos, no didácticos. Después habla usted de que inició un análisis individual, pero no queda claro cómo, con quién ni cuántos años. Todo esto lo menciono porque usted critica de manera severa y hasta cruel a colegas que hicieron su formación en el Círculo Psicoanalítico Mexicano, aseverando que la formación de Armando Suárez y Raúl Páramo habría sido corta e inacabada.  Toma como base a su afirmación, la declaración de Fernando González de que habría recibido una formación incompleta. Me parece que lo menos que podemos hablar los analistas después de Lacan es de completud, la formación analítica es siempre una tarea inacabada.
Y si vamos más lejos, al hablar de Francheri narra que él, como reyezuelo, designa no sólo sus pacientes sino supervisores y docentes, cancelando a su primera supervisora. Estoy confundido, usted se analiza en grupo, ve pacientes y sigue al pie de la letra las instrucciones de Osvaldo, discúlpeme pero no veo la diferencia entre esta transferencia cargada y la de Fromm con sus alumnos, que tanto criticaba ¿Es ésta la vía ideal para pasar de analizantes a analistas que usted enseña? Encuentro múltiples fallas a ese razonamiento, empezando por ese proceso grupal que usted llama análisis, dice que saldó su cuenta con el sujeto supuesto saber al terminar su análisis con Francheri, discúlpeme pero al menos este proceso dista de lo que muchos analistas consideramos psicoanálisis, y desde allí critica usted a otros colegas que realizan su trabajo desde hace mucho tiempo laboriosamente y con seriedad. Y por otro lado, suponer que solamente en Argentina se ha leído bien a Freud y a Lacan sin confusiones ni desviaciones, me parece definitivamente ingenuo.
Efectivamente, Braunstein y su mujer Frida Saal, llegaron a México en 1974 y Pasternac llegó en 1975. Empezaron a tratar inmediatamente pacientes en lo que llamaban análisis sin haberse analizado, alguno podría decir por ahí que Freud se analizó con un delirante, en fin. Los precedía el libro Psicología, ideología y ciencia que tanto critican usted y Guadalupe Trejo, pero déjeme decirle que los autores muy poco tiempo después renegaron de gran parte de los contenidos. No obstante, este libro prologado por Marie Langer, fue importante para la difusión del psicoanálisis y esas letras cambiaron muchas vidas. Personalmente formo parte de una generación que decidió acercarse al psicoanálisis precisamente debido a la lectura de sus contenidos, que proporcionaban una alternativa a la pobreza teórica y práctica de la psicología académica. Su crítica llega tarde, está usted diseccionando un cadáver, pero que fue una bestia muy alerta y feroz, e influyó para bien y para mal, sobre muchas generaciones. Es más, aún no estoy seguro de que no siga pesando sobre muchos jóvenes, no sólo en México sino otras partes de Latinoamérica.
Me pregunto: ¿Por qué esperó usted tantos años para criticar este texto? ¿Para cuestionar la práctica profesional del analista sin análisis? ¿Cuántos años aguardó? ¿35 o 40? ¿Esperó usted a que no estuviera Néstor en México? Y créame que no me interesa defender la figura indefendible de alguien a quien por cierto quise mucho y como todos los amores pasionales estaba destinado a la desilusión, pero me llama la atención que precisamente ahora, usted traiga estas críticas a colación de algo que todos sabíamos hace tiempo.
Por cierto, alguien que le conoce me ha dicho que buscó luego análisis con Colette Soler, cosa de la que no estaría completamente seguro, pero que si sucedió, seguramente fue muchos años después de lo que usted relata, pues yo recuerdo que él rechazó por allá de 1988 o quizá 89 seguir su análisis con Liberman pues no lo consideraba apto para la tarea. Y simplemente para intentar descifrar un poco, el complejo papel que le corresponde aún en el mundo analítico a Néstor, déjeme contarle que en 2015 Patricia Gherovici y Manya Steinkoler publicaron en la prestigiada editorial Routledge, un libro que se llama Lacan on Madness en el que no sólo hay un capítulo que escribe Braunstein, sino otros escritos por gentes con peso en el mundo psicoanalítico como Geneviéve Morel, Jean Claude Maleval, su querido Jean Allouch, Darian Leader, Héctor Yanquelevich, quienes participan junto a él, implícitamente avalando su voz ¿Será que no están enterados del pasado de este hombre? No lo creo, personalmente hablé del caso con Morel y me costó un alejamiento de su parte ¿Habrán brindado todos juntos durante la presentación del libro?
Efectivamente, el CPM recibió a muchos exilados sudamericanos en los años 70’s, sus miembros fueron espléndidos y desinteresados, acogieron a gente que había sido amenazada de muerte en Argentina, Uruguay, también la APM recibió personas que huían de las dictaduras sudamericanas, nuestra querida Fanny Blanck – Cereijido ha escrito un artículo[4] al respecto. El pecado de mis compañeros quizá fue el ser demasiado confiados, crédulos y generosos. Pero acusarlos de falta de seriedad por haber sido enseñados de Suárez – quien por cierto es el verdadero introductor formal del discurso lacaniano en México y Latinoamérica a través de la promoción de la publicación de Los Escritos en Siglo XXI en la traducción que hizo el poeta Tomás Segovia – , otros analistas ex APM incluyendo a Santiago Ramírez, Enrique Guarner, Isabel Díaz Portillo y finalmente los sudamericanos entre los que se incluyen a Miguel Matrajt, la inolvidable Marie Langer, los García Reynoso, Nacho Maldonado, Armando Bauleo, etc. me parece una crítica poco seria y mal intencionada. Usted decidió atacar a buena parte de la  comunidad analítica en su texto, pero me parece que la tarea que emprende está más bien regulada por el odio y la intolerancia.
¿Qué tuvimos y tenemos – y hablo como miembro del CPM –  problemas institucionales y escisiones como en APM o los frommianos? Una colectividad siempre tiene conflictos, son también una fuente de crecimiento. No estamos cerrados a las críticas pero nos importa que la argumentación no sea mediocre. De hecho, no creo que la laboriosidad dentro de la ELP a la que usted pertenece, se rija por estados paradisíacos sin dificultades, sé de más de un enfrentamiento dentro de su grupo por diferentes posiciones, hay gente que ha abandonado la École, allí está el caso de una persona con tanto prestigio como mi amigo Luis Tamayo; de hecho Josafat Cuevas narra en su comentario, un acto de censura por sus diferencias con Allouch a cierta intervención suya que no pudo ser publicada, sino en la revista Carta Psicoanalítica.
¿Qué Caruso tuvo un pasado nazi en su juventud? También lo tuvieron Heidegger y Günter Grass, sin que por ello su obra intelectual deje de ser de una importancia trascendental para la filosofía y la literatura. De hecho, Lacan admiraba a Heidegger y buscó su trato repetidamente después de la guerra. Por otro lado, Caruso jamás negó estos hechos, y sí se arrepintió toda su vida por ellos. No inventó nada sobre ese pasado para cubrir sus faltas, ni se enseñoreó con la bandera del Holocausto y su comprensión de él, como lo hicieron Frankl o el mismo Bettelheim, quienes sí mintieron sin pudor. Por cierto que, no fue González el primero en trabajar el pasado de Caruso, en Carta Psicoanalítica Octubre de 2013, dedicamos todo un número a estos incidentes más de un año antes de la aparición del libro que usted menciona.
Podemos perdonar o no a Caruso, pero indudablemente tuvo la sinceridad de hablar en voz alta sobre los acontecimientos e intentó en su giro hacia el marxismo, pagar sus pecados. Descanse en paz.
Colocarse en ese lugar dónde usted y sólo usted sabe lo que es el verdadero psicoanálisis, consagrado por la experiencia del pase, que él mismo Lacan borró al disolver su escuela, me parece insensato.  En una presentación de su libro en la Sociedad Freudiana de la Ciudad de México dice usted que su texto es descortés, yo lo calificaría de imprudente, en éste,  ha querido hacer el triple papel de jurado,  juez, y verdugo de los psicoanalistas mexicanos.




Una reflexión más, muy curiosa me parece que la formación de analistas como usted, sea según su testimonio, avalada por gente formada en la IPA como Francheri, finalmente ésta parece el Otro del otro según usted, en lo que a garantías se refiere.
Finalmente el texto de Trejo, me parece que le hace coro, escogió usted una buena compañera para alabarle. Pero está lleno de datos inútiles, por ejemplo, dónde se espanta de que hoy en día existen muchas maestrías y cursos de psicoanálisis impartidos en todo el país por gente que no conocemos, incluyendo cuadros y estadísticas. Quiero decirle que yo llevo muchos años en el ambiente psicoanalítico, y no conozco a todos los analistas de México, no me apuro por eso, y me congratulo porque se multipliquen los grupos de estudios de la obra de Freud. Es evidente que esto representa peligros –  yo había escrito por ahí hace tiempo algo sobre el tema[5] – , que muchos nuevos analistas lacanianos cómo a sí mismos se autonombran, se enseñoreen desde sus palestras como supervisores, analistas, maestros e ideales para alumnos despistados, la multitud está ansiosa siempre de nuevas religiones y del látigo del amo, pero creo que debemos conceder a esos mismos jóvenes la confianza de que su inteligencia, les lleve finalmente a distinguir las diferencias.
Sí me parecen aturdidas e irreflexivas afirmaciones como la de decir que la obra de Laplanche no tuvo mayor trascendencia en el mundo analítico, me extraña la afirmación precisamente viniendo de una alumna de Silvia Bleichmar. Decir eso de Laplanche es como escupir al cielo, pero es claro que cada quien tiene derecho a decir lo que le plazca, de eso se trata la libertad de escribir, sólo que cuando ésta ofende o calumnia a otros, lastima a muchos, quizá a demasiados.


Xalapa, Ver a 25 de noviembre de 2007.

JULIO ORTEGA B.











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[1] Gallo, Rubén. Freud en México. Historia de un delirio / Rubén Gallo ; trad. de Pablo Duarte. México : FCE, 2013
[2] Capetillo Juan. FRENIA, Vol. VIII-2008, 207-220, ISSN: 1577-7200
[3] Saavedra Vicente. La promesa incumplida de Erich Fromm. Siglo Veintiuno, México, 1994.

[4] Blanck – Cerijido Fanny. Del Exilio: Psicoanalistas rioplatenses radicados en México. Recuperado de Blog Psicoanálisis en extensión: https://goo.gl/mGVdYQ


[5] La formación del analista: ¿Regulación y/o deseo? Recuperado del Blog Psicoanálisis en Extensión: https://goo.gl/CDbKNa



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Christopher Bollas: Mental pain

Conferencia de Christopher Bollas: Mental Pain.