martes, 4 de julio de 2017

Horst Kurnitzky: Extravíos de la antropología e historia mexicana. Conferencia pronunciada en Marzo de 2017 dentro del XIII seminario "Repensar la conquista" Xalapa, Ver.

Extravíos de la antropología mexicana, de Horst Kurnitzky, es una severa crítica a la antropología y la historiografía mexicanas del siglo xx por sesgar, evadir u omitir el tema de los sacrificios humanos en el mundo prehispánico, en particular entre los aztecas. La causa de tal extravío es la colaboración de antropólogos e historiadores en la creación de un mito de unidad nacional al servicio de la oligarquía surgida de la Revolución Mexicana.
 
 HORST KURNITZKY: nació en 1938 en Berlín, Alemania. Estudió arquitectura, filosofía, sociología, literatura germánica (lingüística) y ciencias de las religiones (antropología) en Berlín y Frankfurt Main (Theodor W. Adorno, Max Horkheimer, Klaus Heinrich, Peter Szondi). Doctor en Ciencias de las Religiones (1974) con una disertación sobre el origen del dinero en los cultos de sacrificio, Triebstruktur des Geldes (La estructura libidinal del dinero) en la Universidad Libre de Berlín. Trabajó como arquitecto, impartió cursos en universidades de Alemania (Freie Universität Berlin) y México (UNAM, UAM) y dictó conferencias en universidades de Europa occidental y América. Ha sido asesor de universidades y gobiernos latinoamericanos (Bolivia, Chile, Ecuador) y ha escrito libros, ensayos y artículos sobre arte, cultura, política y sociedad, así como radio teatros, features y ensayos de radio sobre temas de filosofía y antropología, artes, cultura, sociedad y economía. También ha organizado exposiciones de arte y dirigido filmes.

domingo, 28 de mayo de 2017

¿Distancia sin retorno? Intervención en el Foro de Canal Freudiano, evento realizado junto con la Universidad Autónoma de Tlaxcala el 20 de mayo de 2017.


¿Distancia sin retorno?




¡Zenón! ¡Cruel Zenón! ¡Zenón de Elea!

¡Me has traspasado con tu flecha alada

que vibra, vuela y no obstante no vuela!


Paul Valéry


Es difícil elaborar un trabajo sobre la situación que estamos viviendo en México, sin caer en la repetición de lugares comunes, que describen el horror de los feminicidios, el abuso del poder y la corrupción política, la narcoviolencia,  la confusión entre delincuencia y poder estatal.

Tan sólo en marzo de este año[1], en el estado de Veracruz, en un lugar llamado Colinas de Santa Fe, la policía – en este nuevo período estatal tras la gubernatura del virrey Javier Duarte –, encontró el mayor cementerio clandestino hasta ahora registrado y tras desenterrar 250 cráneos y más de mil restos humanos, se vieron obligados a suspender los trabajos por carecer de lugar suficiente para poder depositar los cadáveres y procesarlos. 

El servicio de Medicina Forense de la Universidad Veracruzana y los servicios periciales se vieron rebasados completamente y se calculan más de 300 cadáveres sin identificar. No hay sospechosos, no hay detenidos, ni personas posiblemente ligadas al monstruoso crimen de lesa humanidad. Ningún rastro ni huella, de una acción que tuvo que haber involucrado decenas de personas.

Uno se pregunta: ¿Cómo pueden haber sucedido estos hechos, y durante cuánto tiempo? Y: ¿Cómo es posible que una sociedad pueda tolerar estos acontecimientos? Hoy podemos decir apenas, algo que callábamos los veracruzanos por miedo: El estado ha sido un brazo de la delincuencia.

Todo este horror, obedece a un panorama muy diferente, al que se ofrece en la publicidad política estatal, en la que se habla de un Estado preocupado por defender los derechos de sus ciudadanos, combatir al crimen, y llevar a cabo elecciones justas. No parece un estado democrático y con sentido social, preocupado por borrar las diferencias sociales, mejorar la economía general, desarrollar la educación y allanar el camino a un beneficio común. Mejora en el patrimonio nacional, seguridad y democracia son objetivos fallidos o simplemente metas inalcanzables, quizá promesas hechas con la conciencia de que están destinadas a no cumplirse jamás.

Agamben[2] ha escrito un libro de nombre Homo Sacer: El poder soberano y la nuda vida, que retoma una figura romana referente a un sujeto que ha sido privado de sus derechos y que por tanto puede ser sacrificado por cualquiera exceptuando el caso de un ritual religioso, la nuda vida sería entonces aquella que cualquiera puede tomar, aquella que vimos en el siglo XX manejarse en los campos de concentración.

Basándose en las reflexiones sobre Biopolítica de Michel Foucault y los estudios políticos de Hanna Arendt, nos revela que la democracia occidental contemporánea que se precia tanto de ser defensora de la libertad y los derechos humanos, se encuentra en una secreta adhesión con el totalitarismo.

El paso a la creación de una Nación, ha creado la paradoja de que el ciudadano es no sólo el esclavo sino también supuestamente el amo y tiene que estar sujeto a las leyes al mismo tiempo que crearlas, suspenderlas, modificarlas, convirtiéndose a sí mismo en la justificación de la vida nuda, de la conservación del estado de excepción, que supuestamente garantizará el mantenimiento de la paz, a través de la imposición de una regla que nos hace a todos como sujetos expuestos a la muerte.

La secularización del poder a finales de la baja Edad Media, traerá esta revolución de las normas y conductas de la población. A finales del siglo XVIII se realizó un cambio en el cual el hombre al nacer ciudadano es afectado por un paradigma político en el que se hace sujeto a una condición de vigilancia que politiza completamente su vida y hace improbable su sostenimiento fuera de las reglas de la civilidad. Vivimos todos en un campo de concentración, nuestras identidades, deseos, pasos en la calle, son objeto de vigilancia y de cuidado no sólo por el Estado sino por las Industrias que en este país, ejercen el poder tras bambalinas, y para ser sinceros la distinción entre unas y otras es a veces difícil de hacer. Agamben llega a afirmar que el Estado trata al ciudadano como un terrorista virtual.

Quizá sea por el hecho de que en realidad el dispositivo político social que se opera a en las relaciones humanas en Occidente, sea precisamente de control absoluto, algo que estudiando las sociedades africanas postcoloniales Mbembe[3] conceptualizó como necropolítica., y que no sólo puede aplicarse a ese continente, sino específica y desgraciadamente a la situación que vivimos nosotros. Se trata de una concepción extremadamente original de las relaciones entre el Estado y la ciudadanía, envés de la noción foucaultiana de biopoder, que regula condiciones de dominación, sumisión y tributo que va más allá de la concepción de Foucault, puesto que hace al ciudadano un artículo desechable del que puede disponer en cualquier momento sin importar en absoluto su vida. El estado tiene derecho a la muerte como un medio de supervivencia de su soberanía, sobre todo en situaciones denominadas como estado de excepción, como la circunstancia histórica que vivimos, que ha convertido al ejército en una extensión de los servicios de seguridad y vigilancia pública. Y pienso aquí, en la diferencia supuesta que debía existir entre las capacidades de un policía y un soldado, en la que éste último estaría para defender el territorio y la soberanía en el caso de una supuesta guerra y nada más para eso, pues su preparación cívica y capacitación social no ha sido cuidada en el sentido de evitar la violencia, sino en el sentido de la fuerza, la coerción y la destrucción. Aunque también debíamos preguntarnos: ¿Acaso el policía es un personaje con estatura de honradez y honestidad en nuestro país? Por supuesto no ¿Será por ello que tantas personas prefieren al ejército en las calles que a la policía? Aún así, pienso equívoca y estúpida la política de Calderón que sacó al ejército a las calles para establecer un estado de guerra al narcotráfico que no ha hecho otra cosa que alimentar la fuerza de la delincuencia organizada y el estado de terror que vivimos, las armas están prohibidas para el ciudadano común, pero no para el ejército y los delincuentes que pueden comprarlas de todo tipo en el mercado negro o en los EUA, dejando entre dos fuegos a la población normal.

¿Pero cuándo empezó esta situación? Quizá sea exagerado, pero necesario hacer un seguimiento histórico del surgimiento de México como nación, en dónde un grupo de criollos usó a los indios –  casi aniquilados por enfermedades desconocidas como la gripe, el sarampión, y sobre todo la viruela después de la conquista –  para la defensa y florecimiento de sus intereses, sin hacerles del todo partícipes de los bienes logrados. Y dónde formaron una nación dónde durante siglos el poder ha sido criollo, racista y con la prevalencia de la figura del Amo sobre la del esclavo.

Esta estructura jurídico política equivale a una dominación de quien posee los bienes sobre el que nada tiene, en una situación en la que la miseria y el terror son necesarias  para la consecución de una opción política que crea desde el principio una clase plutócrata, separada completamente de la población, que solamente suministra migajas a los esclavos, a pesar de que sobre la marcha construye un régimen republicano, que sin embargo, no logra –  pues quizá no es su objetivo – abolir una racionalidad basada en la selección de razas y la prevalencia de un imperialismo tradicional que tiene como apoyo una fe católica que predica a Cristo para los pobres, pero defiende a Dionisio para los ricos. Por supuesto, no puede hacerse una simplificación nunca de los procesos históricos, el desarrollo de un país no es lineal ni sigue siempre los mismos caminos y formas, tampoco hay avances sin retrocesos. Juárez y la Reforma son una excepción a este movimiento general del que hablo, pero este camino liberal, fracasa en la instauración  de una política más justa que pudiese haber logrado la soberanía del pueblo sobre la de los intereses criollos. De hecho, a esta época siguió la dictadura de Santa Ana, y la pérdida de más de la mitad de nuestro país, a manos de la naciente potencia norteamericana.

La revolución mexicana, primera en su género en el siglo XX, surge de estas diferencias y resalta como un verdadera protesta social, en contra de esa clase blanca que añoraba ser europea y bailaba el vals a ritmo de Strauss en los salones porfirianos, promoviendo el positivismo en el proyecto educativo nacional, al tiempo que esclavizaba al indio, y no olvidemos que esa misma clase, ha puesto en Orizaba una estatua al dictador – máxima paradoja social que hizo al indio defensor de los intereses blancos – en 2015, y pretende poner otra, en el Puerto de Veracruz.

El Estado mexicano moderno, y su denominada democracia, nada tiene que ver con el pueblo, no lo representa. La actual clase política nacional ha surgido del fracaso de los ideales de la Revolución mexicana, la instauración del caudillismo en el siglo XIX y XX, amén de la estandarización de reglas que hasta ahora han hecho todo lo posible para impedir al ciudadano común acercarse a la política. Los partidos políticos se alimentan de las subvenciones estatales, ser político es pertenecer a una clase social pudiente, favorecida, poderosa, profesionalizar la mentira y la estafa, y sobre todo defender los intereses de la burguesía y las trasnacionales. Convertirse en gobernador de un estado, es de alguna forma ser un virrey, cómo llamaba a Javier Duarte, quien representa el superlativo de la corrupción dentro un partido político específico, pero que no se diferencia demasiado del estilo político general de todos los partidos. No hay izquierda ni derecha, hay intereses encontrados y tendencias diversas, que no toman nunca la forma de una ideología política total, las ideologías han cedido el paso a conveniencias. La forma de nuestra colectividad ha sido y sigue siendo piramidal, sin promover para nada la circularidad en las relaciones comunitarias. Primaria, secundaria, preparatoria y universidad, burocracia y empresa privada, son los espacios sagrados dónde se aprende la religión de la obediencia, nada debe escapar a este orden disciplinario que se hace carne e identidad en nosotros.

Pero quizá no del todo; dónde hay una presión y una fuerza, siempre surge un impulso contrario. Porque la violencia social y la delincuencia que hoy nos invaden, hablan de una rebelión sangrienta en contra de ese orden que está compuesto por múltiples dificultades para crecer, educarse y llevar una vida decorosa, puesto que se basa en la exclusión no sólo del indio sino quizá también del naco. Aunque este último término nos llevaría a otras reflexiones, puesto que de alguna manera sus características y lenguaje, han invadido lenguaje y acciones de la sociedad en general.

Se trata de una revolución caótica y sin ideales, más bien un saqueo y un amotinamiento en contra del mal gobierno, una reivindicación salvaje no sólo de clase, sino hasta de raza[4],  un descerraje  de los candados de poder a través de la violencia más extrema. Se trata de una rebelión en contra del ojo y del brazo opresor, en la que un sector de la población que normalmente no tendría acceso a los resortes del poder, accede por debajo del orden manifiesto, y tranza con el poder político hasta hacer casi indiferentes discrepancias y acciones, llegando a difuminar y confundir el poder productivo económico corriente, de aquél generado por la delincuencia en el lavado de dinero, la corrupción y las tranzas entre políticos y particulares, todos son delincuentes a final de cuentas. Por supuesto,  se tratan y respetan entre ellos como iguales.

La vida cotidiana está también, gracias a estas combinaciones y enfrentamientos de intereses: militarizada. Los comandantes militares tienen en las localidades que les son asignadas libertad para combatir o no el crimen, reprimir a la población, y en suma conceder la vida o la muerte a quien les plazca. Muchos de estos militares alimentan después de su servicio, los grupos paramilitares, capacitando a las tribus delictivas, como si fuese una extensión de su misma vida de batalla. Más que guerras territoriales, la estrategia de estos grupos delictivos es la de guerra de nómadas, según Zygmunt Bauman[5], lo que los caracteriza es su extrema movilidad, su rapidez de movimientos, su capacidad para viajar sin equipaje y su habilidad para surgir de la nada.

En esta nueva era de movilidad global, el derecho de matar ya no es monopolio único del Estado y frente al ejército regular aparecen diversos grupos que ejercen violencia por encima de los grupos establecidos y los límites territoriales. Un cártel tiene conexiones e influencia internacional, comercia no sólo con droga, coerción o secuestro de personas, sino que interviene en la economía de mercado de los países con los que está involucrado reservándose el intervenir políticamente o con acciones de terror. Surgen también ejércitos privados, que ejercen sin obstáculo y sin culpa, la violencia. Los integrantes de éstos grupos se convierten en figuras ideales para la población menesterosa que anhela tener esa fuerza y ese poder. Esos mismos habitantes los defienden y en ocasiones, los solapan, muchos súbditos han cambiado los ideales revolucionarios y las reivindicaciones sociales por la venganza bruta.  No es una vida feliz para el delincuente del todo que sufre persecución, hambre, sed, mala vida, pero es una vida guerrera que desafía los límites impuestos por la desigualdad social, la palabra muerte no existe en su lenguaje. Si hay riesgo, pero también lo que existe a la vez, es búsqueda de riesgo, juego con la muerte, porque estas personalidades tienen una posición particular en la que la muerte no aparece como un destino definitivo, y la satisfacción inmediata de sus impulsos destructivos y autodestructivos está por sobre cualquier consideración racional. Este tipo de sujetos delincuentes han sido caracterizados en la criminología por su posición narcisista, su aparente inafectividad, el establecimiento de conductas esquemáticas y recurrentes, su baja tolerancia a la frustración, su explosividad agresiva que se expresa física y verbalmente, su inestabilidad, todo esto no necesariamente se contradice con su inteligencia, amén de que pueden comprar con dinero, abogados, administradores, contadores, oficiales y poderes públicos. Llegan a constituir un Estado alterno, que en ocasiones se vuelve más importante que el poder del Estado el cual, por otro lado, es una mercancía que también se puede adquirir. Se manejan bajo el modelo de Feudo, pero constituyen una industria completa del crimen y gozan la característica de poder ejercer la fuerza de manera inmediata, recuérdese que Canneti[6] hacía una diferenciación entre fuerza y poder. Se refería a que la fuerza es más física más coercitiva e inmediata que el poder. La fuerza llega de pronto y es irrevocable, violenta. El poder como en el caso del Estado es más general y vasto, no tan dinámico.

En México, coexisten una serie de realidades múltiples que combinan la absoluta precariedad, la sociedad del bienestar económico total, la explotación de los trabajadores obreros e intelectuales, y la existencia de grupos paramilitares delincuenciales, en un estado que adopta al capitalismo como religión, y la lógica del Estado colonial como disciplina.

En este panorama infernal, que parecería no apuntar a ser más justo o equitativo en el futuro, nos podemos calificar de sobrevivientes, estamos en pie frente a muchos muertos. Como diría Canetti[7]: la única forma en que hemos logrado sobrevivir es justamente a través de matar, metafórica, imaginaria, y a veces realmente.  Me dirán algunos de ustedes que no son asesinos y que no han cometido nunca un delito, pero tolerar la injusticia y callar frente a la injustica es promover el crimen. Somos todos enemigos de todos, y entre ese montón de caídos levantamos nuestra figura. Indefensos yacen los muertos,  nosotros nos sentimos elegidos, hemos dado prueba de sí, nos aceptamos fuertes y creemos invulnerables, sucede así siempre desde la percepción de nuestro miserable Yo.   

Quizá lo mejor sea aceptar nuestra fragilidad y desde ella, a pesar de lo desalentador que pueda ser el panorama, intentar combatir esta violencia con nuestra lógica psicoanalítica, analizar, intentar comprender, promover el cambio, y a final de cuentas,  sacar el psicoanálisis del diván. Una cuestión que me ha estado dando vueltas en la cabeza es justo la promoción de candidaturas independientes, tenemos el ejemplo de Pedro Kunamoto o Jaime Rodríguez y aquí no importan tanto los personajes, sino el método de llegar al poder, de hecho el EZLN y el CNI por acaban de postular a María de Jesús Patricio como candidata a la presidencia. Habrá que evaluar si es ésta una manera de combatir al poder existente y generar otro tipo de relación con el Estado y con el pueblo.


Julio Ortega B.







[1] El Universal 17.03.2017 https://goo.gl/fS3HMm
[2] Agamben Giorgio. El poder soberano y la nuda vida. Ed. Pre – Textos. Valencia, 1998.
[3] Mbembe Achille. Necropolítica seguido de Sobre el Gobierno privado indirecto. Ed. Melusina. España 2011.
[4] Y cuando hablo de raza, se comprenderá que es un concepto imaginario, pero que cumple con eficiencia la clasificación de supuestas diferencias en los seres humanos.
[5] Bauman Zygmunt. Wars of the Globalization Era. European Journal of Social Theory. Vol. 4. No. 1. 2001. P.15.
[6] Canneti Elías. Masa y poder. Muchnik Editores. España, 1977. P. 277.
[7] Canneti Elías. Op. Cit. P. 224.

miércoles, 19 de abril de 2017

Prendimi l´ anima. The soul keeper. GB / Francia / Italia. 90 min. Color y B/N 2003)

El hábil y experimentado director Roberto Faenza ha filmado una película sobre un drama histórico que tuvo lugar en la primera mitad del atribulado siglo XX. Se trata de una película sobria y correctamente realizada en la que se nota una formación de escuela. El filme trata, sobre la vida de uno de los personajes más olvidados de la historia del psicoanálisis y que la genealogía de nuestra disciplina ha ido rescatando poco a poco para darle el lugar que le corresponde como pionera del psicoanálisis y promotora de la causa psicoanalítica en la extinta Unión Soviética. 


Son muchas las cosas que podríamos comentar de este filme, pero lo que más nos ha sorprendido, es el perfecto casting que ha realizado el director, quien ha escogido a sus actores tan cuidadosamente, al punto que, conservan un parecido físico extraordinario con los personajes reales. Emilia Fox, se encuentra sublimada en el papel de Sabine y se comprende cómo, debido a esta caracterización, fue elegida para el papel de Casandra en la próxima a estrenarse Troya (2003). Allí representará a la agorera hija de Príamo (rey de Troya), dotada de poderes adivinatorios que predice el porvenir sombrío, pero que desvirtuada —por un enamorado Apolo rencoroso— del poder de la persuasión, está condenada a que nadie la tome en serio. Un papel ligado, en una broma del destino, al que jugó la propia Sabine ante el mundo psicoanalítico y social de su época.



Un Iain Glen magnífico, completamente caracterizado, e idéntico a las imágenes que tenemos del Dr. Jung —otra charada de la suerte—, la juega de iluminado, prolongando exquisitamente y con matices suizos, su actuación en el rol del siniestro Manfred Powell, líder de los Iluminati, que una “mujer virtual” de nombre Lara Croft (2001) enfrenta con éxito en la primera de sus hazañas llevada al cine. 



Las escenas del film nos muestran el encuentro, en el sanatorio Burghölzli en Zurich por allá del año 1904, de una bella enferma mental de nombre Sabine, con su médico Carl Gustav Jung, el famoso psiquiatra que llegó a ser considerado por Freud como su príncipe heredero. Sabemos por la historia, que ésta fue quizás, la primera paciente de Jung tratada con el método del profesor Freud y que dio lugar, después, a una correspondencia voluminosa entre estos dos hombres que se vieron a sí mismos, como padre e hijo.



Por aquel entonces, Sabine se presentó al hospital traída por sus padres (adinerados y herejes judíos rusos) que la acercaron al famoso hospital dirigido por Eugene Bleuler. Sufría de delirios y una masturbación compulsiva, tenía trastornos de la alimentación (lo que hoy llamaríamos anorexia) y de defecación que le acercaban a una psicosis histérica. También, hacía gala de su aguzada sexualidad a través de conductas exhibicionistas que alternaba con ataques de llanto y risa incontrolables. En la película Jung se acerca a ella primero con serenidad, después con fascinación y finalmente con pasión. Impotente para controlar su contratransferencia (sentimientos generados en el terapeuta por el paciente), empieza una relación con su paciente al margen de su matrimonio que desembocará en un drama pasional que duró siete años desde que se conocieron.



Durante su relación compleja y prohibida, Sabine proporcionó a Jung, no sólo su cariño y dedicación de amante, sino ideas que se tradujeron en artículos y desarrollos en el campo de la teoría psicoanalítica y el análisis profundo. A Spielrein, se debe el germen de conceptos como el ánima y la sombra, que son atribuidas a su querido, quien jugó siempre injustamente con su alma, en una paradoja relacionada dolosamente con el apellido de su amante: juego justo. La relación llegó a conocimiento de Freud, quien escogió ignorarla en principio, y más tarde, recomendó de manera conservadora, que se interrumpiera la relación entre ambos. Sabine amenazó, varias veces, con denunciar a Jung y pidió entrevistarse con Freud, quien la rehuyó hasta que ella se encarriló para hacerse psicoanalista. En todo este pasaje al acto, el profesor vienés, hizo ojos ciegos sobre la conducta inapropiada que su protegido experimentó con otras pacientes, pese a que las pruebas en su contra no podían negarse en cierto punto.



El macho suizo, siempre negó este incidente (también lo hacen los analistas junguianos), pero no es el único que se conoce de las excursiones para probar su virilidad con pacientes a su cargo. Otro caso documentado, es el de su analizante y amante Tony Wolff, quien también se convirtió en analista y realizó, en un momento dado, un “análisis a dúo” con Jung sobre uno de sus pacientes: dónde el analizante contaba a un terapeuta su vida cotidiana, y a otro referiría sus sueños plagados de símbolos. Su obsesión por documentar el metafísico inconsciente colectivo fue para él un empeño al que le dedicó muchos años, pensando que éste descubrimiento le pondría —de una vez y para siempre— sobre su maestro Freud.



La esposa de Jung compartió no sólo el Círculo de Psicología de Zürich, sino su entorno familiar con la amada de Jung, en una situación difícil que duró muchos años y que Fowler McCormick allegada a la situación, describió así: “No me cabe la menor duda de que esta relación fue una tortura y algo doloroso de soportar para la señora Jung [1] ”.



El lector crítico caerá en cuenta, de que, la historia de los psicoanalistas de la primera generación está llena de pliegues silenciados, que desde su mudez, se repitieron hacia delante en los analistas de posteriores descendencias. El caso más difícil de entender, fue y seguirá siendo, la iatrogenia cometida por Freud, al analizar a su propia hija [2] .



También se encuentran registrados en los anales, difíciles casos similares, como el de Otto Grooss —defensor de la poligamia que practicaba Jung con sus pacientes— y de Victor Tausk, personajes que abrazaron el psicoanálisis como leit motiv de su vida pero que tuvieron una relación trágica con éste.



La cuestión de fondo en todos estos casos, tiene que ver con el amor de transferencia y la posición casi omnipotente de Amo a la que es fácil ceder ante los embates de la pulsión sexual. El analista debiera ofrecerse como causa del deseo a su paciente y tratar desde esa posición de articular bajo el impulso de la palabra el cúmulo de fantasías acumuladas en la historia personal del analizante a fin de que el sujeto acceda a la significación de éstas, rehistorize su vida y la reconstruya. El analista se ofrece, propiamente hablando, como semblante de una pasión del sujeto que se dirige sólo al encuentro con él mismo.



Pero más allá de eso que es teoría y que deviene máxima de ley entre los analistas, uno pudiera tal y cómo los libertinos lo hacían, retomar con espíritu travieso la cuestión y preguntarse si en realidad hay algo de malo en el hecho de que un analista toque a su paciente, sobretodo cuando ésta lo desea —no conocemos casos de analizantes masculinos en este trance— y puede satisfacerle.



Fuera de los desafortunados casos en que los analistas han cedido a tener affaires con sus analizantes, la historia consigna matrimonios entre analistas y ex-pacientes que han regularizado su situación anómala llevándola a ese crisol de fuertes emociones que todos conocemos como familia. Recuerdo una película irreverente y amena como Lovesick (1983) de Marshall Brickman, en la que el analista Dudley Moore sigue a su bella paciente Elizabeth MacGobern a pesar de ser casado y de estar advertido de que se acerca a un fruto prohibido que, por cierto, ya ha sido mordido antes por un anterior analista. La situación que para todos los que tenemos alguna formación analítica sería dramática y ruinosa es presentada —merced a la comedia— como divertida y encantadora. Alec Guinnes, personifica en una actuación soberbia a un Sigmund Freud que actúa, más bien, como Obi Wan Kenobi impulsando al nuevo caballero Jedi a romper esquemas que él mismo impuso, en beneficio de disfrutar más la vida y abrirse a lo inédito.



La pregunta libertina en el mismo tenor que la podría formular el autor de la Filosofía de la Alcoba sería: ¿Por qué no? ¿Simplemente por qué no lo permiten las reglas?



La respuesta no va del lado de respetar un mandamiento supremo o una ética de ascesis. Se trata de una cuestión diferente y que involucra la posición misma del analista que tiene siempre algo de infausta, porque la clase de Amo que encarna, es aquel que vive del pathos de lo efímero. Pienso, que entre la relación del amante con el amado y la del analista con el analizante no hay una igualdad de términos ni una relación de implicación. Se trata más bien de dos historias paralelas y distintas.



Una historia de amor nos dice Freud en "Puntualizaciones sobre el amor de transferencia" [3] es inconmensurable, sin comparación, ni escritura posible. La historia de un análisis, por el contrario, tiende a delinear una escritura —¡que no es la de los garabatos de la libreta del analista!— y queda del lado del trazo y del límite. No puede satisfacerse la demanda de amor del paciente simple y sencillamente porque ésta apunta a lo imposible, a la negación de la castración.



La demanda de amor del paciente se dirige a un objeto liso y sin fracturas y que se articula en una sentencia imperativa —estilo Rochefoucauld— que Lacan formula en su Seminario de la ‘Lógica del fantasma’ (18/02/1967), y con la que intenta definir el amor pleno: "Tú no eres nada más que eso que soy"; razón que remite a los cimientos del amor, hundidos en el narcisismo primario. El amante poseído por el Eros escoge al amado según esa lógica. Entonces, el amado analista del cual el paciente no sabe nada, accede a ser sujeto de amor sólo al precio de ser objeto puro de proyección del mundo interior del analizante. Nada de lo que sucede afuera no ha sucedido antes dentro. Esto implica que la tragedia de ese amor puro del analizante, no tiene nada que ver con lo que él es en realidad y por tanto no tendría por qué amar como sujeto (pues está convertido en puro objeto) y contestar en reciprocidad a ese amor que se le ofrece, a menos que ceda a la tentación siniestra de considerarse objeto puro, elección que le destina a caer estrepitosamente, más temprano que tarde.



La reciprocidad a ese amor de transferencia conduce irremediablemente a la búsqueda de la fusión total, a la tragedia del amor-pasión cuyo ejemplo extremo es el incesto y la pulsión de muerte que lo habita. El deseo se quiera siempre absoluto, y no hay nada absoluto más que la muerte misma.



Si bien ocupar el lugar del analista implica entrar en la categoría de mínimamente deseable, es la petición de principio para la transferencia, se entiende que el deseo del analista se debe reducir sólo a analizar, porque de entrada él no puede saber sobre el Bien supremo y el bienestar del paciente. En este orden de ideas, cae por sí sola la majadería — ¡acrítica del todo!—, que considera que lo mejor para el paciente sólo puede ser el analista mismo en calidad de amante.



Más allá de la alevosía de tomar un amor de esta naturaleza y la traición implicada a la confianza del paciente, se encuentra una cuestión más profunda, que no es otra que la de desconocer que la tarea analítica no está para colmar el deseo del sujeto, sino para articularlo, conduciendo al paciente más allá del síntoma, lo que es decir en este caso: el mismo análisis, del lado del límite y la castración.



Acceder a una pasión así es destituirse del papel de analista, abandonar la incómoda posición del analista. También, abandonar al paciente a la fatal creencia, de que el amor lo puede todo. Ese fue el engaño en que cayeron Jung y sus pacientes. En un ensayo de Roberto Calasso, se define tristemente al doctor Jung como un sujeto que en el baile de máscaras de principios del siglo XX se hizo pasar como científico.



Sabine fue un caso exitoso de Jung, pese a todas las infracciones del tratamiento. La relación con su paciente, parece no haber sido ignorada por los padres que fueron alertados por la misma esposa del doctor. Se conoce una carta de la madre de Sabine en la que le pide a Jung se aleje de ella, también sabemos la canalla contestación de Jung que Bettelheim [4] destaca en el prólogo al libro de Carotenuto [5] (que recoge e interpreta, algunas cartas y fragmentos del diario de Spielrein), y que habría sido referida al mismo Freud en una carta dirigida a él en 1909: "Pero el médico sabe cuáles son sus límites y nunca se excederá porque se le paga por su trabajo. Esto le impone las restricciones necesarias. Por ende sugeriría que, si usted quiere que me ciña estrictamente a mi papel de médico, me pague honorarios como recompensa adecuada por mi trabajo... mis honorarios son diez francos la consulta". Los mexicanos tenemos una expresión para referirse a eso: “cobrarse a lo chino”.



Sólo un año después de su cura en el psiquiátrico y remitidos sus síntomas, decidió estudiar la carrera de medicina, que terminó brillantemente con una tesis de doctorado sobre el tema de la esquizofrenia en 1911. Su personalidad extraordinaria y fuerte se adelantó a su época: independiente, con poco cuidado por las murmuraciones, agresiva y hasta revolucionaria.



Cuando decidió convertirse en analista, se involucró completamente en la tarea. Una de las más importantes ideas desarrolladas por ella, fue sin duda, el señalamiento de la inextricable relación entre pulsiones eróticas y agresividad que, muy probablemente, inspiró a Freud para concebir el concepto de pulsión de muerte. También hizo aportes al campo de la pedagogía psicoanalítica y el análisis de niños que conviene tomar en cuenta, como antecedentes de la práctica de los principios del psicoanálisis en la educación.



Después de tener varias sesiones con Freud y llegar a formar parte de la Sociedad psicoanalítica de Viena, decidió alejarse de él y seguir estudiando con uno de los personajes más importantes del psicoanálisis en aquel momento: Karl Abraham, primer psicoanalista alemán que ejerció en Berlín. En medio de toda esta historia, se casó con el médico ruso judío Pável Schettel con quien tuvo dos hijos.



La ruptura con Jung no fue suave y nunca del todo completa, es posible que haya visto a Jung mucho después del corte propuesto por Freud. Aunque se casó en 1912, permaneció mucho tiempo alejada de su marido, trabajando —cerca de su amado— en el Instituto Rousseau en Ginebra, aunque no sabemos a ciencia cierta si tuvo contacto con él. Finalmente, lo alcanzó en 1921 cuando decidió emprender el camino de regreso a su patria para formar parte del movimiento psicoanalítico ruso. Durante todos estos años, mantuvo correspondencia con Jung, conocemos sólo una fracción de todo lo que escribió Sabine, pero a través de sus letras, vibra una vida intensa.



La película acierta al escoger como línea argumental las cartas a Jung y el diario que ella produjo durante toda su existencia. Nos agrega a la historia principal, un pequeño cuentito referente a un historiador y una rebelde buscadora de papeles, que remueven las piedras de la nueva y capitalista Rusia, a fin de rescatar de las cenizas, la historia perdida de la bella Sabine. Una licencia poética que podemos conceder a cualquier relator de historias. 



El psicoanálisis, fue parado en seco en 1936 después de la muerte de Lenin, debido al antisemitismo del temible camarada Stalin, y por no coincidir con los rígidos principios materialistas del marxismo académico imperante: misma ideología, que sí toleró los audaces experimentos en materia genética de Lysenko, que hundieron la economía agrícola de la madre Rusia.



Asistimos en el filme, al ataque con cuchillo que realizó a su esquivo amante. Sabine deseaba con ansia quedar embarazada y ponerle a su hijo el nombre de Sigfrid, que supuestamente complacería a Jung (estudioso apasionado de los mitos germánicos) y que en la práctica, consignaría en un fruto de carne, la relación homoerótica entre Freud y su hijo putativo. La idea parece haberle chocado a Jung completamente, no sólo por el hecho de concebir un hijo fuera de su matrimonio, sino porque le mostraba ridículo, frente a su desmedida ambición por obtener la fama por sí mismo.



De hecho, la ruptura de Jung con Freud sucedió por ahí de 1913, cuando su maestro no pudo tolerar más: la asexualización del psicoanálisis, la rivalidad extrema del heredero, y las alarmantes faltas a su práctica profesional que lastimaban sus oídos. Freud mantuvo hasta el último momento, una admiración por Freud, producto de una transferencia salvaje que ya había tenido lugar con W. Fliess, el médico otorrinolaringólogo delirante que le sirvió como contraparte escucha para la realización de su autoanálisis.



Faenza, quien es también el guionista de este complejo drama psicológico, se porta crítico hacia Jung quien aparece llorando histérico de felicidad ante los rubios héroes wagnerianos. Para nuestro gusto, es demasiado gentil. Deja de lado, las siniestras maniobras que le llevaron a ser presidente de la Sociedad de Psicología Aria organizada por Göring (fue editor en jefe de su revista de 1933 a 1940) y los artículos que escribió en contra de Freud dedicados a censurar su trabajo, haciendo énfasis en que los negros contenidos del inconsciente judío no podían ser extendidos al estudio del alma pura de los arios. Jung apostó a la posteridad de su obra apoyándose en los nazis y perdió la batalla cuando estos fueron derrotados. Más tarde, trató de justificar su actitud, minimizando su participación y aduciendo la increíble patraña de que era una forma de ayudar a gente perseguida.



Sabine luchó porque fuese aceptado el psicoanálisis en su patria y chocó contra el muro del dogmatismo soviético. Esa situación perduró hasta la caída del régimen, un amigo mío que visitó en el año de 1985 Moscú, fue detenido doce horas por los aduaneros, por traer en su maleta las obras completas de Freud.



Sabemos ahora que Sabine llegó a la Unión Soviética el verano de 1923. Ingresó a la Sociedad Psicoanalítica Rusa y colaboró en la Casa Experimental de la Niñez, el dispensario psicoanalítico de la psicoanalista Vera Schmidt [6] . Realizó junto con ella y otros nombres ahora olvidados, trabajo dentro del Instituto Psicoanalítico del Estado de 1923 a 1927, durante los primeros años de la revolución socialista. Es probable que después haya sufrido de la persecución stalinista a los judíos. En la película hace una innecesaria aparición un supuesto hijo de Stalin que habría sido confrontado por Sabine debido a su rebeldía. Se nos sugiere que ese niño torvo y violento con rasgos asiáticos, fue el posible motivo para su eliminación del sistema educativo. No hacía falta esa imagen, los formalistas rusos calificaron de pequeño burguesas la mitad de las inquietudes intelectuales de esa época. Tampoco hacía falta a la trama, la denuncia del supuesto crimen que en realidad sabemos fue suicidio trágico: la del poeta Maiakovski. Falto a Faenza sutileza en estos detalles, la realidad fue todavía más cruel, mucha gente fue condenada por verdaderas tonterías y cualquier resistencia a la voluntad del dictador, aniquilada.



El final que nos sugiere el director tiene, sin embargo, trazas de verosimilitud. Es posible que fuese fusilada durante la ocupación nazi de 1941. El frío invierno de esos años de batalla intentó tachar todo vestigio de existencia, pero Sabine no fue finalmente borrada. Su presencia vive en miles de estudiosos y admiradores de su coraje. La red de Internet está plagada de homenajes a ella en alemán, inglés, español y hasta ruso. La luz de su alma valerosa sigue iluminando el camino de muchos jóvenes que quieren dedicarse al psicoanálisis: ¡Bendita Sabine!



Algunas referencias a Sabine en la Red:



Spielrein Sabine: http://javari.com/FreudPsa/spielrein.htm



Ich hiess Sabine: http://www.sabinaspielrein.com/



Comments on the Burghölzli hospital records of Sabina Spielrein: http://www.blackwellpublishers.co.uk/joap/Joap217.pdf ; 



Spielrein Sabine, forgotten pionner: http://enotalone.com/books/1583919031.html




[1] Op. Cit. Donn Linda. Freud y Jung. Los años de amistad, los años perdidos. Ed. Vergara. Argentina 1990. P. 254.



[2] Roazen Paul. Cómo trabajaba Freud. Comentarios directos de sus pacientes. Ed. Paidós. España 1998. P. 167.



[3] Freud Sigmund. Puntualizaciones sobre el amor de transferencia. Freud Sigmund. Obras Completas. Freud Total 1.O. Hipertexto: Biblioteca eLe. Ediciones Nueva Hélade, 1995.



[4] Bettelheim Bruno. Prólogo al libro de Carotenuto. En: Una secreta simetría. Ed. Gedisa. Barcelona 1984. P. 25.



[5] Carotenuto Aldo. Una secreta simetría. Ed. Gedisa. Barcelona 1984.



[6] Delahanty Guillermo. Sabina Spielrein: juego sucio o amargo lamento. En: www.cartapsi.org/mexico

Christopher Bollas: Mental pain

Conferencia de Christopher Bollas: Mental Pain.